Category Archives: United States

The new darlings of Wall Street: The folly of oil fracking investing

 

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[Acknowledgment: Thanks to Edward Worsdell for helpful comments on an earlier draft of this post.]

In a recent post we took a deep dive into the debate over whether the US stock market is expensive or not. We concluded that i) the market is indeed quite expensive, ii) the market is not in a ‘bubble’ territory, but rather higher equity valuations on average should be considered the new normal (on the proviso that this new normal state of affairs should not be used to justify current equity valuations), and iii) historical standards can be a deceptive guide in predicting future equity returns and should be used with caution.

However, the market, taken as a whole, has a wide range of investment opportunities. We can find situations where a sector is cheap for a particular reason (e.g. the US retail sector) or situations where a company is trading at mind-blowing multiples because the market is discounting unrealistic expectations about future growth prospects, as in the case of Tesla, with a market capitalisation now higher than well established competitors like Ford or General Motors.

But this post is not about the fate of investors in a single company like Tesla or whether this is an attractive investment or not (we think it is not). Rather, this post will zero in on a sector that has been gaining increasing media attention, a sector that is considered to be the new pride of American industry, one that is highly leveraged and in which Wall Street investment banks have so much at stake in it. Continue reading

A financial balances comment on the US trade balance and Trump’s economic proposals (Part I)

 

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[This post was co-written with Rafael Wildauer, lecturer at Kingston University Business School, who is doing research on the links between income and wealth distribution, credit, growth and financial stability].

It has been almost one year ago from our latest comprehensive report on the US economy, and although we are currently writing our second report which will be published soon (it took us longer than expected, given that our model has undergone several modifications, the most important one being a private sector split between households and businesses), we wanted to share a couple of thoughts with our readers on the current state of the US economy, especially since the election of president Donald Trump in November. The economic proposals the incoming Trump administration are supposed to bring are important, and if eventually fulfilled, we think they will have a clear impact on the economy over the medium-term. In this first part of a two-post series, we will review the recent evolution of the balance of payments and, in the second one, we will go through the effects of Trump’s economic proposals on the future path of the US sectoral financial balances.

While many observers are bewildered by the first steps of the Trump administration, economically the US seems to be doing fine, with GDP growth around 2.5 in 2014 and 2015 and an improving current account. A closer look however shows that the recovery of the current account was strongly driven by an improving oil balance. The trade deficit ex-oil increased over the last three years. A likely explanation is that the US grew faster than some of its main trading partners (notably Europe), which led to a deterioration of the trade balance. Thus, under the economic proposals by the incoming Trump administration and not much further room for an improving oil balance, the current account might deteriorate again. Continue reading

La balanza comercial, el dólar y Trump: principales desafíos para la economía estadounidense en 2017

 

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[Artículo publicado originalmente en El Confidencial]

El 2016 pasará a la historia como un año interesante para la economía estadounidense. Después de un comienzo de año intenso debido a la crisis de las materias primas en febrero y a la subida de los tipos de interés de la Reserva Federal en diciembre de 2015 (que como comentamos en este mismo medio hace un año, y como se ha visto a posteriori, no fue una buena idea), el cierre de año nos deparó la victoria contra todo pronóstico de Donald Trump, que trajo consiguientemente un sentimiento de euforia en los mercados de renta variable, y otra subida adicional de tipos por parte de la FED – cuyos efectos, a pesar de lo que creen muchos analistas, están aún por ver.

Todos estos temas han recibido ya una dosis alta de atención tanto en la prensa especializada como en la blogosfera. Mi propósito aquí no es volver a reproducirlos y repetir tópicos manidos, sino más bien articularlos de tal modo que nos puedan servir como resumen del 2016 y, lo que es más importante, como guía analítica de los principales desafíos de la economía estadounidense en 2017.

Para ello, me gustaría empezar por un hecho poco mencionado pero de vital importancia para el devenir de la economía americana, y que no es otro que la evolución de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones de bienes y servicios). Es bien conocido que desde la década de 1980, EEUU ha sufrido de manera permanente un déficit comercial en sus transacciones con el resto del mundo, déficit que además ha aumentado de manera progresiva en las últimas décadas. El déficit comercial alcanzó un 6% justamente antes de la crisis de 2007 (aproximadamente 700 mil millones de dólares), y desde entonces se ha estabilizado en torno al 3% del PIB, una magnitud lejos todavía del equilibrio en las cuentas exteriores pero que no es tan alarmante como los niveles que se alcanzaron hace ya una década. Dicha estabilización aparente, junto con el hecho de que el dólar ha ido apreciándose progresivamente en los dos últimos años sin mayor efecto en la balanza comercial, ha provocado que muchos análisis lleguen a la conclusión de que el sector exterior estadounidense no debería representar motivo de preocupación a corto plazo. Continue reading

The Meaninglessness of Bottom-up Estimates and a Reverse Engineering Exercise for the S&P500

 

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Last week Deutsche Bank sent an internal note arguing that, well, it may be about time for the Fed to raise rates, claiming that ‘in fact, it looks more and more like the Fed is behind the curve’. For such a claim, the note reviewed a series of inflation indicators (e.g. PCE, CPI), but the really interesting chart was the last one, in which the analysts’ consensus for the S&P500 earnings per share was plotted, conveying the message that because the consensus expected higher earnings in the future, at some point wage growth would also follow suit, thus bringing higher levels of inflation in the future.

Beyond the dubious claim that the Fed should raise rates (which we think it should not), the really amusing part is to look at the analysts’ consensus estimates for the next 8 quarters. They are as follows:

S&P500 EPS and Consensus 3Q16-2Q18

S&P500 EPS and consensus’ estimates 3Q’16-2Q’18. Source: Bloomberg.

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Una visión macroeconómica de los beneficios empresariales de EE.UU.

 

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[Publicado originalmente en FundsPeople]

Desde que Alcoa diese el pistoletazo de salida a la presentación de los resultados empresariales de las empresas estadounidenses, los analistas económicos llevamos un par de semanas siguiendo con atención los números que al final presentará el conjunto de las empresas del S&P500. En un escenario como el actual de elevada incertidumbre a nivel macroeconómico en todo el mundo, la presentación de los beneficios de los integrantes del S&P500 representa un indicador valioso de dónde estamos y nos da una razonable idea de lo que podemos esperar en los próximos trimestres.

A riesgo de simplificar, para el presente artículo se tendrá en cuenta que hay dos maneras para pensar sobre los beneficios a nivel agregado: bottom-up y top-down.

La visión bottom-up es bien conocida y requiere de poca elaboración. Se suman una a una las estimaciones de consenso de cada una de las 500 empresas del S&P500  con el fin de obtener el número agregado de todo el índice. La principal ventaja del método es que compila las predicciones de analistas especializados en una industria o en un grupo de empresas, lo que hace que las predicciones sean más informadas que las de alguien que no tenga dicho conocimiento granular. Las principales desventajas del método son dos, que es intensivo en información (para llegar a la cifra agregada de beneficios se necesitan las estimaciones de los beneficios de las 500 empresas del S&P500, una tarea nada desdeñable) y, por otra parte, dicho método puede conducir inadvertidamente a falacias de composición no deseadas: si uno hubiese agregado las exuberantemente racionales estimaciones de consenso de finales de los 90, uno hubiese descubierto que tales estimaciones daban números superiores (o similares) a la cifra de beneficios global presentada en las cuentas nacionales. Dado que era de esperar que el resto de la economía estadounidense, una vez excluidas las empresas del S&P500, generase algún beneficio en aquellos años, las estimaciones bottom-up de aquel entonces, aunque aparentemente consistentes a nivel individual, a nivel global daban lugar a resultados ridículos. Continue reading

The Kingston Financial Balances Model and the external sector consequences of Mr. Sanders

 

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[This post was co-written with Rafael Wildauer, Ph.D. Candidate at Kingston University, who is doing research on the links between income and wealth distribution, credit, growth and financial stability]

We are pleased to present our first report on the US economy using a model we have developed together over the last year. We will only provide here a brief summary with the main conclusions; interested readers can read the whole report for free here. Senator Sander’s economic program (and the discussion that has erupted in the last few weeks) has provided us with a nice example of why having a simple but holistic model of the US economy can help a lot in discussing economic policy issues and in dispelling ‘half-way’ economic reasoning. Because a copy-paste strategy from the report would be boring for the readers of the blog, we have decided to add a brief analysis of the Mr. Sander’s economic program as an example of the usefulness of the model advocated here. We think it is worth discussing what has been left out by Gerald Friedman as well as by his critics – notably Christina and David Romer. If you already read the original report, then you can skip the first section and go directly to the section dealing with Mr. Sanders’ economic program.

The Kingston Financial Balances model (KFBM)

First, a few words about the model. The Kingston Financial Balances Model (KFBM) is a stock-flow-consistent (SFC) model that tracks the evolution of the main variables of the US economy. A SFC model is, in a nutshell, a framework that ensures that all real and financial flows of an economy accumulate into stocks over time. For many people (e.g. engineers, physicists and accountants), we are sure this definition will not be very innovative. But in economic modelling, it is. Most of the economic modelling is carried out without any concern for the accounting consistency of real world economies. At the most basic level, such models simply estimate ‘sophisticated’ econometric equations for the GDP components (i.e. consumption, investment, etc.), and then they sum them up to come up with a (usually short-term) forecast for GDP, but without mentioning the implications of these expenditures for the financial positions of the different sectors of the economy. At a more advanced level, exemplified for instance by the Dynamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) models, the sophistication falls on a rational description of the agents of the economy, but again, with little concern for the accounting consistency of the framework. In other words, economists have been in general very busy to come up with more sophisticated models, but accounting consistency is not among the top priorities.

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Shiller, Tobin and the “This Time is Different”: Analysing the US stock market with the rule of the 0.20

 

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[this is the translation of a previous post]

Robert Shiller, professor of economics at Yale University (and Nobel prize winner in 2013), has published the third edition of his book Irrational Exuberance. Beyond the fact of being a very entertaining and highly advisable book, the most important thing about its publication is not the book per se, but rather the timing: the first edition was published in 2000, just before the burst of the dot.com bubble, and the second edition was published in 2005, two years before the US real estate meltdown. In both editions, Shiller warned about the unsustainability of stock market and real estate valuations, respectively, and as it happens, he was right. In this new edition he introduces the concept of new-normal boom, putting his finger especially on fixed income valuations – though he also mentions stock markets. The right timing of the two previous editions makes many analysts wonder whether we are at the gate of another financial crisis.

This post does not intend to review Shiller’s book, but rather to make a contribution to the debate about the stock market valuations of the US economy – a debate that has been raging in the blogosphere for several years. It is worth remembering that there is no similar debate in Spain (in terms of quantity and quality), although it would be highly beneficial. To understand what is at stake in the US debate, the best way is to begin with some numbers. The following graph, courtesy of Shiller,  is a good starting point. It shows the historical evolution of the S&P500 and corporate profits, both of them deflated by a consumer price index in order to improve comparability over time:

S&P 500 and corporate earnings, historical

Own elaboration

It is clear that the basic intuition ‘higher corporate profits – higher prices’ is confirmed (with some important exceptions, as in the 90s). However, it can also be seen that since the 90s stock valuations (how much one is willing to pay for a dollar of profits) have gone up notably: especially, since the Global Financial Crisis in 2007, the S&P500 in real terms has increased more than corporate profits, which has provoked the increase in many valuation metrics. What metrics? Continue reading

La deuda externa de España y de EEUU

 

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Mark Thoma comenta en su blog Economist View sobre las apreciaciones de Paul Krugman sobre la deuda externa neta de EEUU. Todo viene a relación de un post de nuestro muy estimado Timothy Taylor .

Here’s a table from the IMF (specifically, it’s an edited version of a table from Chapter 4 of the October 2014 World Economic Outlook) showing the biggest debtor and creditor economies around the world. In absolute size of net foreign liabilities, the US leads the way, although as a share of the US GDP, the US position looks less worrisome. The IMF report gives as a very rough guideline that when the net foreign liabilities of a country exceed 60%, there is reason for heightened concern. On this list, Spain and Poland exceed that threshold. The biggest creditor economies, based on mostly running trade surpluses over the years, are who you would expect: Japan, China (along with Hong Kong and Taiwan), Germany, and some big oil exporters.

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Shiller, Tobin y el “This Time is Different”: analizando las valoraciones bursátiles estadounidenses usando la regla del 0,20

 

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Robert Shiller, catedrático de economía de la universidad de Yale (y premio Nobel en 2013), acaba de publicar la tercera edición de su libro Irrational Exuberance. Aparte de ser un libro entretenido y altamente recomendable, lo más importante de su publicación no es el libro per se, sino el momento de su publicación: la primera edición se publicó en el año 2000 justo antes del estallido de la burbuja de las punto.com y la segunda edición se publicó en el año 2005, dos años antes del colapso del mercado inmobiliario estadounidense. En ambas ediciones, Shiller advertía al mundo de la insostenibilidad de las valoraciones bursátiles e inmobiliarias respectivamente, y resulta que acertó. En esta nueva edición nos deleita con el concepto de nueva normalidad (new-normal boom), poniendo la lupa especialmente sobre las valoraciones de la renta fija – aunque también menciona las valoraciones bursátiles. La coincidencia en el tiempo de las dos anteriores publicaciones hace que muchos se pregunten si la nueva edición no es una premonición de una nueva crisis financiera.

Este post no tiene como objeto analizar el libro de Shiller, sino más bien hacer una contribución al debate sobre las valoraciones de la renta variable de la economía estadounidense que se lleva manteniendo en la blogosfera de manera activa desde hace un par de años. Es preciso recordar que no existe en España (en términos de calidad y cantidad) debate similar – aunque sería recomendable. Para entender qué es lo que se discute sobre EEUU, es mejor empezar con algunas cifras. El siguiente gráfico, cortesía de Shiller, creemos es una buena introducción. Muestra la evolución histórica del S&P 500  y de los beneficios corporativos, ambos deflactados por el índice de precios al consumo para mejorar la comparabilidad:

S&P 500 and corporate earnings, historical

Se ve claramente que la intuición de que niveles del índice más elevados deben estar acompañados de beneficios empresariales mayores se confirma (con alguna notable excepción, como a finales de los 90). Sin embargo, también se puede apreciar que a partir de la década de los 90 las valoraciones (cuánto se está dispuesto a pagar por un euro de beneficio) han subido notablemente: especialmente desde la crisis financiera del 2007, el S&P500 en términos reales ha subido más que los beneficios corporativos, lo que ha provocado que los principales ratios financieros hayan subido. ¿Cuáles son estos ratios?

El “CAPE” de Shiller y la “q” de Tobin como jueces

Creemos que sería acertado considerar tres posiciones bien diferenciadas en el debate: primero están los “siempre-optimistas” (perma-bulls, como dicen los anglosajones), gente que va desde empresas de brokerage ofreciendo asesoramiento financiero a sus clientes (y para los que por definición el mercado nunca está caro) a eminencias como Jeremy Siegel, para los cuáles la histórica tendencia alcista de los mercados bursátiles es el mejor aliado de los inversores. En segundo lugar tenemos a los que creen que las valoraciones actuales, tomando como base la experiencia histórica, están caras; en tal grupo figuran importantes analistas financieros como Andrew Smithers o James Montier. Dicho grupo usa indicadores financieros como el CAPE de Shiller (que explicamos en un momento) o la q de Tobin para evaluar si el mercado está caro o barato. Por último, tenemos (a falta de un nombre mejor) a los escépticos, que generalmente admiten que el mercado puede estar sobrevalorado, pero que el uso de indicadores financieros tales como el CAPE o la q está plagado de dificultades y no debería ser usado tan a la ligera (los principales argumentos en contra son cómo se construyen dichos índices y la cambiante naturaleza de las propias economías a lo largo del tiempo).

Dichas consideraciones se han venido realizando (principalmente) en base a tres indicadores: el CAPE de Shiller, la q de Tobin y el “ratio de Buffett”. El CAPE de Shiller (cyclically adjusted price-earnings ratio) es un price-earnings ratio, en donde el numerador es el S&P500 deflactado y el denominador es la media de las ganancias de las empresas del índice de los diez últimos años. Ya hemos explicado más arriba por qué el S&P500 debe ser corregido por la inflación. La razón por la que se incluyen la media de las ganancias en el denominador es para suavizar los efectos del ciclo económico (para evitar tomar o beneficios muy bajos o muy altos, y por tanto poco representativos). El siguiente gráfico muestra la evolución del CAPE en EEUU (y de nuevo, cortesía de Shiller):

Shiller's CAPE, up to April'15

La razón por la que el CAPE es considerado un buen indicador para medir las valoraciones bursátiles es la misma razón por la que el PER es considerado un buen indicador para medir valoraciones empresariales: mide cuánto hay que pagar por los beneficios de una empresa. Como se puede ver en el gráfico, las valoraciones más recientes lo sitúan en torno a 30 veces, mientras que su media histórica ha sido de 16,60. De acuerdo con el CAPE entonces, y si creemos en una reversión a la media exacta, el índice presenta una sobrevaloración de unas 1,7 veces.

La q de Tobin es un indicador ya conocido para los lectores de nuestro blog: mide la relación entre el valor de mercado de las empresas y su coste de reposición (que como explicamos en una entrada anterior, es el coste que supondría montar la empresa desde cero a precios actuales). Para suerte de nuestros lectores, resulta que la q es considerada también un buen indicador para medir las valoraciones bursátiles (gracias en parte a los esfuerzos “populizadores” de Smithers). El siguiente gráfico muestra la evolución histórica de la en EEUU:

Tobin's q, 1951-2014

De nuevo, para estándares históricos, el mercado bursátil estadounidense está caro de acuerdo a la (la información de la q viene de las cuentas nacionales, con lo que su publicación suele ir con un trimestre de retraso). La media histórica ha sido de 0,71 (quizás en otro post expliquemos por qué la q ha sido históricamente menor que 1, en contra de lo que predice la teoría económica), mientras que el nivel actual es de 1,1. De nuevo, si uno fuese un ferviente creyente del “retorno a la media” uno esperaría que a medio plazo la q cayese unos 0,40 puntos – los lectores avispados habrán ya calculado que eso implicaría una corrección de en torno al 35%.

Por último, nos queda el “indicador Buffett”. Se llama así porque Buffett lo soltó de pasada en una entrevista y porque en el mundo de las finanzas todo tiene que tener un mote. En realidad mide la relación entre la capitalización bursátil de un índice y el PIB de un país. A nivel práctico se suele tomar como proxy del valor de mercado de las empresas de todo el país o la capitalización del Wilshire 5000 o el valor del sector corporativo en las cuentas nacionales. Aquí usamos la primera opción: el siguiente gráfico muestra el ratio Buffett como el cociente entre el Wilshire 5000 deflactado y el PIB real estadounidense (para ver las series necesarias para su construcción, aquí):

Buffet's ratio, 1971-2014

Y de nuevo, este indicador ofrece la misma conclusión: la bolsa estadounidense está cara si la comparamos con su media histórica.

A modo de recapitulación, el principal argumento del segundo grupo (los defensores de la reversión a la media) es que los principales indicadores financieros tienen la propiedad de “reversión a la media”: es decir, el mejor predictor de dónde estará el índice a medio-largo plazo (digamos, entre 3 y 7 años) es su propia media histórica.

This Time is Different: o por qué valoraciones más altas son la nueva normalidad

Nuestra opinión es que sí, la bolsa americana está cara, bastante cara de hecho, pero somos más escépticos que los anteriores analistas respecto al valor interpretativo de las medias históricas en todo este análisis.

Nuestros lectores ya sabrán que somos defensores de que las valoraciones de equilibrio (que las podemos definir como aquellas en que los índices están más o menos correctamente valorados) cambian a lo largo del tiempo y, en particular, de que las valoraciones de índices bursátiles no son independientes de las tasas de crecimiento de la economía. Es decir, que tiene poco sentido defender que la media histórica permanecerá inmutable en el futuro cualesquiera que sean las condiciones macroeconómicas venideras. Sin embargo, a largo plazo la relación entre valoraciones bursátiles y tasas de crecimiento no es la que uno podría esperar. En un post anterior se explicó por qué uno debería esperar una relación negativa entre tasas de crecimiento (medidas por el PIB real) y valores de la q de Tobin. Esta observación se ajusta perfectamente, por ejemplo, a la experiencia americana. El siguiente gráfico muestra las tasas de crecimiento del PIB real en EEUU desde 1960:

US real GDP growth, 1960-2013

Se puede ver que el crecimiento de la economía estadounidense ha ido reduciéndose paulatinamente con el paso de las décadas: si en los 60 las tasas medias fueron en torno a 3,5%, en la década de los 2000 dicho crecimiento medio apenas ha alcanzado al 2% (muchos economistas lo achacan a una fase de estancamiento secular, sobre la que algo ya hemos escrito en este blog). Dicha desaceleración en las tasas de crecimiento se ha visto acompañada por un crecimiento significativo en los valores de la q, como se puede apreciar en el gráfico anterior. En cualquier caso, la pregunta interesante para nuestro tema es si se puede encontrar alguna relación sencilla entre el crecimiento del PIB real y valores en la q (ambos medidos después de largos períodos de tiempo, digamos, décadas).

La regla del 0,20

De hecho, sí se puede obtener una aproximación empírica a la relación entre cambios en la tasa de crecimiento de la economía y cambios en la q de Tobin. En otras palabras, estamos interesados en cuánto cambiaría la q si cambiamos la tasa de crecimiento en (por ejemplo) un 1% – y mantenemos todo lo demás constante, como les gusta a los economistas. Resulta que dicho cambio se puede aproximar entonces como:

Cambios en la q = Cambios en la tasa de crecimiento * 1/propensión marginal al consumo de la riqueza

Todo lo que debemos conocer entonces es el valor de la propensión marginal al consumo de la riqueza. Dicho valor representa cuál es el porcentaje que se consume de la riqueza total que posee la gente (en forma de acciones, propiedades inmobiliarias, cuentas bancarias, etc.). Evidentemente dicho valor cambia con el paso del tiempo y difiere enormemente entre países (de hecho difiere incluso entre tipos de activos, pues no es lo mismo vender propiedades inmobiliarias que acciones), pero parece ser que la literatura que se ha especializado en el tema (aquí) encuentra valores entre el rango del 3% y el 7%, con lo que un 5% creemos puede ser una buena aproximación. Si se toma el 5% como guía, entonces por cada 1% que cambien las tasas de crecimiento el valor de la q debería cambiar en aproximadamente 0,20. Por comodidad, hemos decidido llamar a esta regla “la regla del 0,20” (el nombre no es nada del otro mundo, pero las razones son obvias). Las aplicaciones de dicha sencilla regla son múltiples. Por ejemplo, hasta la década de 1990 el valor medio de la q fue de 0,55. Si asumimos entonces que la tasa de crecimiento medio del PIB real en EEUU se ha reducido un 1,5% desde principios de la década de 1990, entonces quiere decir que deberíamos esperar un nuevo valor medio de la q en torno a 20*0,15 = 0,30 puntos más que la media histórica hasta esa fecha, es decir, un valor medio de 0,85  (resulta que el valor medio desde entonces ha sido de 0,93, con lo que creemos la anterior aproximación es razonable).

Nos gustaría señalar que el fin del anterior ejercicio numérico no es cuantificar exactamente los cambios en los valores de equilibrio en la q o algo por el estilo (pues creemos que es muy difícil y la anterior regla no deja de ser una aproximación), sino señalar a nuestros lectores que hay que tener cuidado a la hora de valorar índices bursátiles utilizando medias históricas, ya que no son independientes de las condiciones macroeconómicas. Los anteriores análisis, usando medias históricas, nos llevarían a pensar que el mercado está más sobrevalorado de lo que realmente está. Otra cuestión es qué implicaciones tienen ratios de valoración permanentemente mayores tanto para inversores como para la economía en su conjunto. Dicha respuesta es difícil y escapa el objetivo de este post. Pero creemos que si las tasas de crecimiento de EEUU no aumentan de manera consistente, entonces las altas valoraciones bursátiles (no tan altas como las actuales, sino vistas como el promedio de una década) han venido aquí para quedarse. Sigan el valor de la q entonces. This time is different.

[nota: como diría Fermat, tenemos una prueba de esta aproximación del 0,20, pero los márgenes de este blog (o la paciencia de nuestros lectores) no son lo suficientemente grandes como para explicarla. Pido entonces a los lectores más pacientes que escriban algún comentario para aclarar las posibles inquietudes.]

La curva de Laffer se vuelve provinciana

 

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No tenía previsto comentar un libro que leí poco antes de las pasadas navidades, pero una entrada que he visto hoy en el blog de Barry Ritholtz me ha animado a ello. Arthur Laffer, de memoria imperecedera con su curva de Laffer, aquel invento de la época de Reagan -y que sirvió de base teórica para su bajada de impuestos- sigue vendiendo su producto. Por lo visto, en aquel entonces, principios de los ochenta del siglo pasado, bajar los impuestos sobre la renta en EEUU hacía aumentar la recaudación fiscal. David Stockman en The Triumph of Politics ya nos explicó con detalle toda aquella juerga fiscal posterior. Parece que no funcionaba.

LafferPero en el campo estatal (de cada estado individual de EEUU) puede que tenga más prometedor futuro. En An Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of States (si cambian la palabra final por Nations el título les resultará familiar) escrito con otros tres autores se propone exactamente esto. Nos trata de convencer que disminuyendo los impuestos estatales la recaudación fiscal aumentará porque habrá un boom económico que hará que al final se termine recaudando más. Mira que, bien visto, esto tiene más posibilidades de éxito que si se aplica a nivel nacional. La idea, por lo que detecto de sus explicaciones, consiste en robar todos los contribuyentes ricos al estado vecino. Esto -lo que algunos llaman dumping fiscal- es conocido aquí en España… y en Europa en general tenemos buenos ejemplos en ciertos impuestos con Irlanda, Luxemburgo, Holanda…

Bueno, pues parece que en EEUU ni eso. vía Supply-Side Doom in Kansas – Bloomberg View.

Let’s focus on Kansas, because of all the states its tax data reflects conscious policy choices as opposed to larger economic forces, such as falling oil prices.

Under the leadership of Republican Governor Sam Brownback, the state radically cut income taxes on corporations and individuals. Going on the assumption that this would generate a burst of economic growth and higher tax revenue, no alternative sources of revenue were put into place. Similarly, the state failed to lower spending.

Alas, reality trumps theory. As we have seen almost every time this thesis has been put into practice, it fails. The tax cuts don’t magically kick the economy into higher gear and the government ends up short of money. Remember former President George W. Bush and his tax cuts? Same deal.

Much of the intellectual heft for this theory can be traced to economist Arthur Laffer, a former member of President Ronald Reagan’s Economic Policy Advisory Board who is sometimes referred to as the father of supply-side economics. To cite just one example: Laffer, along with Stephen Moore, expounded on this thesis in a September 2012 report, “Taxes Really Do Matter: Look at the States.”

Now it is true that excessively high tax rates can cause economic harm. For those of you old enough to remember, think about when the Rolling Stones decamped from the U.K. to France in response to Britain’s 98 percent wealth tax; more recently the band U2 shielded some of its assets by shifting them from Ireland to the Netherlands.

The argument goes that cutting tax rates would have led these big earners to stay, and that capturing a reduced amount of revenue is better than losing the potential revenue completely.

Nor is anything wrong with the underlying premise of supply-side economics per se: We can increase economic growth by lowering barriers for producers to supply goods and services and make capital investments. A greater supply of goods and services at lower prices benefits all consumers, helping to expand business activity, hiring and spending. All of that naturally leads to higher tax revenue for the government.

And yet some economic radicals have taken the supply-side theory to absurd places. Perhaps the most radical is Grover Norquist, the promoter of the “Taxpayer Protection Pledge.” Norquist opposes any and all increases in taxes, and has persuaded many politicians and almost all Republicans to sign the pledge.

While serving as Kansas’s U.S senator, Brownback signed the pledge, and was a central player behind putting the theory into practice in the state. Unfortunately for Kansas, the real world has a tendency of introducing frictions that theory often ignores. Kansas now is confronting annual budget deficits, severe cuts in education and road maintenance, and credit-rating downgrades.

Ideally, states should be looking for the optimal point where tax rates produce the greatest revenue with the lowest burden. The range includes value choices between somewhat more revenue versus somewhat lower taxes.

Now, after Brownback’s supply-side experiment, Kansas has become a sort of mirror image of the high-tax nation that the wealthy like Mick Jagger and U2 tend to flee. Those in the middle class in Kansas might like to leave for a state with services that aren’t starved for money. But like many people of modest means, they aren’t especially mobile, and often have deep roots in a community: They own homes, have family and friends nearby and have children in the local school system. Picking up and moving a small business or residence to the next state is harder than it sounds.

The bottom line: The results from the economic laboratory known as Kansas are in. Supply side theory — and Kansans — lost. The only question is whether those like Brownback have learned anything.

Claro que, el libro -ahora que lo pienso- es muy recomendable como arma fundamental en el arsenal de los que defiendan estas pintorescas ideas. Así que ahí queda.  En nuestra opinión, bajar los impuestos si son muy altos puede ser buena idea por un montón de motivos, pero no creemos que el que se recaude más sea una de ellas.