La burbuja del ladrillo… perdón, del cemento

 

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El lapsus es por la costumbre. Nuestra burbuja del ladrillo en España no ha sido cualquier cosa. Un día calculé que de las burbujas de países relativamente grandes, la nuestra había sido la más grande de la historia, bueno, al menos desde la época de los romanos. La comparé con la que consideraba la más notoria hasta la fecha: la japonesa de final de la década de los ochenta. Recopilé un número de indicadores en ambos países: crecimiento del precio de la vivienda, construcción de viviendas, precio del suelo, PIB del sector de la construcción, crédito hipotecario y de construcción, etc. En conjunto la burbuja española ganaba, era claramente más burbuja. Líderes mundiales, ¡como para no estar orgullosos!

No hace falta ya que me crean sin aporte de datos, solo confiando en mi palabra. El siguiente gráfico está obtenido de Capital is Back, de Thomas Piketty y Gabriel Zucman. De haber dispuesto de él antes me hubiera ahorrado todo el ejercicio numérico burbujil hispano-japonés. Capital is Back está solo en la web. Es un poco el conjunto de apuntes sobre la base teórica del Capital en el Siglo XXI de Piketty, ya de fama imperecedera, junto con gráficos y estadísticas. Para los pikettistas su utilidad es evidente. El gráfico dice including Spain. Menos mal, si no, no dispondríamos de esta información tan valiosa para nosotros españoles. Gráficos como este -without Spain- componen la mayoría del bagaje empírico histórico con el cual Piketty nos regala en su bestseller. Son gráficos que indican la razón de la riqueza nacional, lo que valen los activos del país, divididos por la renta nacional del país. Cuanto más alto sea el ratio, más valor se concede o exhiben los activos del país respecto a la base generadora de rentas, lo que -en casos excepcionales, cuando el ratio pasa de 500%, p.ej.- nos está indicando situaciones de sobrevaloración de activos fruto de una burbuja. Ya ven, ganamos, si no por goleada, sí claramente.

Burbuja inmobiliaria en España

Capital is Back, Thomas Piketty y Gabriel Zucman

En los países más pequeños podemos encontrar otros ejemplos. Como son pequeños puede ocurrir cualquier cosa; por eso no me gusta mucho ponerlos como modelo. No como otros, que han hecho del ejemplo de Estonia la piedra sillar de la economía moderna. Pero en este caso vamos a hacer una excepción. Es que son el país de la Guinness, y es de justicia les concedamos el primer premio para su libro de récords. La burbuja inmobiliaria irlandesa, de la misma época que la española, creo que nos gana. Si algún lector se encuentra con ganas de comparar ambas burbujas, podemos publicarlo en este blog.

Todo lo que les he contado es a modo de introducción, que el post va de cemento y no de ladrillo. Mi excursión por el blog de Bill Gates, investigando para la entrada anterior de este blog Buffett a la carta, me está proporcionando un buen número de ideas para comentar. Sugiere la lectura de cinco libros del 2014; unos de ellos es el de Piketty, lo que sorprende un poco dado que Piketty propone fuertes impuestos sobre la riqueza. Pero ya sabemos que Gates es un personaje peculiar. Otro, que no he leído, pero que Gatea aprecia grandemente es Making the Modern World: Materials and Dematerialization de Vaclav Smil. Con él compone Gates el siguiente post, en el que nos ilumina sobre el consumo de cemento en China.

Gates compara el consumo de cemento chino con el estadounidense. Así que a mí me queda hacer la pequeña contribución. El consumo chino de cemento en uno de estos últimos años -da igual, digamos 2013– es mayor que el consumo de cemento en España en toda nuestra historia. Y eso que España es un país cementero.

De joven -durante un breve tiempo- tuve una estrecha relación con la industria cementera española, así que es un sector al cual le tengo cariño, y eso que ecológicamente es una industria sospechosa y menudo polvo echa. Aprendí que una fábrica de cemento de tamaño medio/grande produce 1 millón de toneladas al año. Es una cifra redonda útil a nuestros efectos. Los chinos producen -y consumen- 2.000 millones de toneladas al año. Es decir necesitan de 2.000 fábricas de las anteriores produciendo a toda pastilla. 2.000. Mind blowing, que podría decir Gates. En España, he calculado a ojo de buen cubero, que en todo nuestra historia habremos amontonado en nuestra patria alrededor de 1.500 millones de toneladas (igual menos), menos de lo que China consume en un año. En el gráfico siguiente aparece a modo ilustrativo el consumo español de cemento en los últimos años. Se aprecia claramente nuestra burbuja, así que esto del consumo de cemento tiene utilidad como indicador.

Cemento

Volvamos ahora al caso chino. No todo el cemento chino se utiliza en la construcción de viviendas, claro. En mi opinión la burbuja de la construcción inmobiliaria en China es inferior a la española; no creo tengan problemas por ese lado. El problema chino es que la burbuja, en realidad, es peor; es una burbuja de toda la economía en la cual los chinos han vertido todo ese hormigón que podemos imaginar producido con tanto cemento. El que la inversión -básicamente en construcción e infraestructuras… y fábricas de cemento- haya supuesto el 50% del PIB en los últimos años es algo que es imposible de imaginar racionalmente. ¡La que han montado los chinos en unos años! Nada comparable en la historia de la humanidad… ni de lejos. En un post anterior elucubravamos sobre el posible futuro chino. Ya poníamos en duda la posible continuidad de un modelo de desarrollo basado en tan ingente inversión. Toda esta historieta del cemento nos lo pone en perspectiva. ¿Qué va a pasar con esas 2.000 fábricas de cemento cuando el modelo de desarrollo cambie? No hay nada en el mundo económicamente tan interesante ni comparable como observar el desarrollo chino. Mind blowing también.

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