Balance sheet recession

 

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En 2008 Richard C. Koo nos regaló una explicación exhaustiva de la enfermedad japonesa de su década perdida. En realidad eran ya más de diez años de década, década larga que se prolonga y que ya va por más de veinte años. Pero es que en oriente, ya sabemos, son un tanto diferentes y puede que cuenten el paso del tiempo a su manera. Es cierto que la enfermedad actual japonesa quizás ya no sea la originaria, pero como el enfermo sigue con temperatura baja en el termómetro de precios, que era uno de los síntomas de la enfermedad original, no podemos estar seguros que hayamos controlado el brote.

La enfermedad se ha dado en llamar -bautizada por Koo- una recesión de balance. Es una enfermedad siniestra que ha cogido desorientada a la ciencia médica económica. Ya sabemos que en la teoría económica actual la palabra balance no existe. Existe lo de balanza, como en balanza de pagos, pero eso es otra cosa. Bueno, siendo justos, a veces vemos algún balance del Banco Central y sus clientes. Poca cosa.

La recesión de balance se produce cuando las unidades económicas privadas, bancos, empresas o familias acumulan mucha deuda fruto de una expansión crediticia burbujil anterior, deuda que toma muy mala pinta una vez comprobamos que lo que habíamos financiado con ello (viviendas, terrenos, préstamos, opas hostiles o no, acciones, etc.) se deprecia día a día de valor. No tengo que extenderme mucho en todo esto porque los españoles (y medio mundo más) estamos doctorados ahora en estos conocimientos.

Pero en 2008 las cosas eran diferentes, justo al límite de una transformación radical. The Holy Grail of Macroeconomics es la descripción del proceso en Japón hasta aquella fecha junto con una comparativa de la Gran Depresión 1929-1941 en Estados Unidos. Poca variedad.

Foto libros Koo

En su nuevo libro (acaba de salir) –The Escape From Balance Sheet Recession and the QE Trap- Koo nos pone al día de lo ocurrido desde entonces. La enfermedad se ha propagado por el mundo y los casos a analizar muy variados, aun exhibiendo todos ellos una cierta uniformidad. Una recesión de balances es una enfermedad del sector privado que al sector público no le queda más remedio que cuidar con delicadeza y atención. La cura es lenta, puede durar una década; y perder la paciencia en su tratamiento conduce a recaídas peligrosas. La cura consiste en acomodar con déficits presupuestarios gubernamentales la caída del gasto privado necesario para la recomposición de sus balances, impidiendo así una caída del gasto agregado que con tratamientos más austeros podría colapsar al paciente. Richard Koo explica con detenimiento como una prematura consolidación fiscal en Japón (disminución de gasto y aumento de impuestos) por la administración Hashimoto en abril de 1997 menoscabó una incipiente recuperación conduciendo a una nueva recaída y a déficits fiscales posteriores mucho mayores, obteniendo como recompensa lo contrario de lo esperado. Como ejemplo de una similar política errónea de prematura consolidación fiscal introduce el conocido ejemplo de las medidas de Roosvelt en 1937. La experiencia de Japón en 1997, creo, es lo que le dota a Koo de su total convencimiento de lo que nos cuenta. Y su interés para todos nosotros como aportación a los debates sobre la justificación o no de políticas de austeridad es clara.

En esta presentación reciente de las ideas de Koo pueden obtener una idea detallada de lo que contiene su libro. La obra es una inestimable contribución en profundidad y cobertura mundial de los problemas macroeconómicos actuales. Muchos no comulgarán con las ideas de Koo pero podemos garantizarles que todos saldrán intelectualmente estimulados con su lectura. Es sin duda uno de los libros del año para mi.

Muchas de estas recesiones de balance se producen a consecuencia de burbujas inmobiliarias. Existe una pequeña industria a la caza de la burbuja potencial. Canadá y Australia son el foco donde se concentra más la atención actualmente; podemos meter a los chinos también aunque solo sea porque los chinos tienen que aparecer ahora en todo análisis que se precie. No que los canadienses y los australianos aparezcan muy preocupados, pero -claro- ya sabemos que eso es lo esperado.

Estas son las advertencias recientes de Koo a  Canadá

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