Grecia: “A modest proposal”

 

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A finales de 2010 Yanis Varoufakis y Stuart Holland formularon lo que denominaron “A Modest Proposal” para solucionar varios de los fundamentales problemas de la eurozona. Desde entonces la propuesta ha experimentado algunas revisiones, la última con la colaboración de James K. Galbraith. Gente competente, como pueden ver.

Sin entrar en mucho detalle, se propone un programa de  conversión de gran parte de la deuda pública de los estados de la eurozona (el 60% de máximo permitido por el tratado de Maastricht) por bonos emitidos por el Banco Central Europeo, junto con un paquete de medidas para proteger al BCE de los riesgos que incluya a resultas de tal medida. Se contemplan también medidas para la recapitalización de los bancos y la creación de un programa de inversiones cofinanciado mediante la emisión de bonos del Banco Europeo de Inversiones y el Fondo Europeo de Inversiones.

El origen inicial de la propuesta vino muy determinado por la situación financiera griega, aunque es de utilidad general para el resto de países, y creemos tiene posibilidades de relanzamiento y una mejor vida si la situación de deuda en otros países de la eurozona se deteriora. De momento, con la tranquilidad en los mercados de bonos actual, está aparcada. No que los griegos estén faltos de propuestas para la solución de sus problemas: tras la mayor quita de la historia -2012- y refinanciación del resto (de la mayor parte) para más allá de cuando en Madrid tengamos nuestros juegos de Olimpia, los griegos están bajo el experimento de la “Inmodest proposal” de la Troika. Consolidación presupuestaria, austeridad, devaluación interna. Tras varios años de lo mismo el resultado puede considerarse -por un lado- un fracaso; es la idea del nuevo gobierno griego. Para los defensores el programa de austeridad está funcionando: en 2014 el presupuesto griego ha tenido un adecuado superávit presupuestario primario y la balanza de pagos por cuenta corriente se ha equilibrado.

Ambas propuestas, modest o inmodest, creemos, son totalmente irrelevantes para la solución de los problemas griegos: de ahí la nuestra. El problema de la economía griega actual es ya casi en su totalidad un problema de falta de exportaciones. No es un problema de deuda. La deuda griega, a efectos prácticos, es mucho más llevadera (comparativamente) que la española (y la francesa). Incluso hay gente que opina que a efectos prácticos es inferior al 50% del PIB si se computara como deuda normal a precios de mercado. Mis cálculos dan una cifra más alta, 75%.  A nada que la inflación aumente (solo al 2%) , junto con un crecimiento del 3% (cifra modesta para lo que Grecia puede crecer a partir de la situación en la que se encuentra) posibilita el pago de la deuda sin demasiado esfuerzo. La mayoría de la deuda griega vence a más de 30 años y tiene tipos de interés fijos del 1,5%.

Es más, el pago de la deuda, el pagarla realmente, es lo que puede posibilitar un buen desenvolvimiento griego en los próximos años. Esto va en contra de las ideas generalizadas de una buena parte de los comentaristas que consideran la carga una losa insoportable, pero que trataremos de contradecir al final del post.

Todas las crisis serias (un 90% de las mismas, digamos) empiezan o terminan siendo un problema de balanza de pagos. La crisis se va desarrollando -y la depresión se agudiza- hasta el punto en el que unas importaciones reducidas se cruzan con unas exportaciones que las superan. A partir de ahí puede haber esperanza. Es el caso de Grecia actualmente, y de la situación española hace dos años y medio. En España nos ha ido a mejor desde entonces. ¿Cómo les irá a los griegos?

Bajo este planteamiento, la propuesta de Varoufakis et al. es un tanto irrelevante. No aporta ni directa ni indirectamente una solución al problema griego de balanza de pagos, en concreto a su faceta exportadora, faceta crítica como veremos. La propuesta troikista sí ofrece una propuesta indirecta (los proponentes la pueden considerar bastante directa) Es la idea de la devaluación interna. Para solucionar nuestros problemas de balanza de pagos los países de la eurozona ya no podemos contar con la posibilidad de devaluar nuestra moneda. Así que la solución que se propone es la sustitución de la devaluación tradicional por la devaluación interna. Si bajamos los salarios podemos bajar los precios y así ganar competitividad. El problema de este enfoque es que ambas devaluaciones -la tradicional y la interna- como propiedad terapéutica para solucionar en la práctica los problemas de balanza de pagos -sin dejar en coma al paciente- solo comparten el nombre. La tradicional funciona razonablemente bien; la interna bastante mal. La devaluación interna funciona bastante mal porque desde un punto de vista microeconómico empresarial, aunque se reduzcan los costes salariales casi siempre es una mala decisión para la empresa el reducir los precios de venta para aumentar los beneficios, lo que sabe cualquiera que haya experimentado con un gráfico de punto muerto empresarial. La variable que incide más, la que tiene una mayor elasticidad sobre la generación de beneficios empresariales, es el precio de venta. Es lógico la resistencia a su bajada. Si no se reducen los precios, el supuesto aumento de ventas por exportaciones no se produce. Y desde un punto macroeconómico la devaluación interna -en contraste con una devaluación tradicional- tiene el problema adicional de que lleva a la quiebra un buen número de empresas que, aparte de vender en el mercado interno, estaban exportando en parte y sustituyendo importaciones. Esta propiedad de deteriorar las exportaciones por una caída de la actividad económica interna (o sustituir importaciones) es un problema que no suele considerarse cuando se plantean esquemas de devaluación interna. En España en los últimos años hemos padecido bastante esto; el ejemplo más ilustrativo, el de Fagor.

Una devaluación tradicional o una interna (si funciona) tiene por objeto equilibrar la balanza de pagos como paso previo a una generación de crecimiento posterior. Pero, y esto es fundamental, el buen desenvolvimiento económico posterior del país va a depender no de si la balanza de pagos se mantiene equilibrada, o incluso con superavit, sino de cual es el desarrollo en el tiempo de las exportaciones. Un equilibrio más o menos permanente sin aumento de exportaciones no augura nada bueno, salvo el país se vea envuelto en un virtuoso proceso de sustitución de importaciones, lo que no suele ser fácil o relevante en un país pequeño como Grecia. Esto sería la descripción de un país estancado. Por lo tanto, el crecimiento de las exportaciones es vital. Las devaluaciones internas pueden generar equilibrios de balanza de pagos vía contracción rentas (toda devaluación hace eso), pero como hemos analizado no es muy adecuada para impulsar las ventas exteriores. Y eso es lo que ha ocurrido en Grecia… y puede que continúe.

Es sorprendente el comprobar que desde el inicio de la crisis -2008- , y pese a la gran devaluación interna griega comparada con la española, las exportaciones griegas de productos apenas hayan crecido a la fecha de hoy un 8% comparado con el 35% que han crecido las españolas. Y partiendo de unos niveles mucho más bajos bajo cualquier criterio, lo cual debería haber inducido unos niveles de crecimiento superiores. La balanza de pagos griega es realmente peculiar; pueden descargar la hoja excel en este link del Banco de Grecia. De todos los ingresos exteriores prácticamente solo una cuarta parte son exportaciones de bienes, descontado las exportaciones de derivados del petróleo. 14.800 millones de euros en 2014. España exporta más en un mes que Grecia en todo el año, o, en porcentaje sobre el PIB, más del doble. Tratándose de un país geográficamente pequeño tendría que tener unos porcentajes de exportaciones sobre el PIB superiores a España. Si Grecia sobrevive -digamos- es porque cuenta con un sector exportador de servicios (turismo, transporte), transferencias, transferencias de capital de la Unión Europea, etc., que proveen al país con recursos para equilibrar (incluso superavit en 2014) actualmente la balanza de pagos a los niveles reducidos de importaciones que la crisis ha forzado. En un futuro el turismo siempre va a contribuir positivamente con sus ingresos a la balanza de pagos, incluso con crecimientos proporcionales o superiores al resto de exportaciones, pero el resto de partidas no parece tengan un claro crecimiento. Salvo el desenvolvimiento del sector turístico, Grecia necesita imperiosamente una mejora de sus exportaciones de bienes. En realidad, y según mis cálculos, para poder crecer al 3% necesita incrementar sus exportaciones de bienes alrededor del 7% anual, contando con una adecuada ayuda del sector turístico y descontando el peor desenvolvimiento de los otros rublos de ingresos en la balanza de pagos.

Exportaciones griegas 2012 Atlas of economic complexity. MIT

Exportaciones griegas 2012
Atlas of economic complexity. MIT

¿Cómo se logra exportar más sin devaluar?, que no estamos contemplando la posibilidad de abandonar el euro. En verdad, si uno se atiene a lo que se lee en los medios, pareciera que se ha abandonado toda esperanza. No hay nada que hacer. Grecia no cuenta con un sector empresarial que haga factible un volumen creciente de exportaciones adecuado, dados sus costes, falta de productividad, insuficiente valor añadido de las exportaciones, ausencia de innovación, etc.  Es como si estuviera permanentemente anclada en un régimen con un tipo de cambio sobrevalorado. Lo que es exactamente la descripción de la situación griega (y la andaluza, también) Pero por aportar algo diferente y positivo, podemos decir que, en general -y esto se aplica incluso a los nacionales del país que queramos analizar, que deberían saber mejor- se suele infravalorar mucho la capacidad empresarial e industrial de un país. Los griegos cuentan con cientos de pymes con más posibilidades de crecimiento que las que desde un sillón les podamos conceder. Lo mismo ocurre en España; contamos con el que es probablemente el más dinámico sector exportador de ningún país avanzado del mundo (medido en su crecimiento en los últimos cinco, diez, veinte años) y todavía una buena parte de la gente, y algún que otro afamado catedrático, piensa que solo podemos exportar jamón.

A New Modest Proposal

Nuestra modesta propuesta es que a los griegos se les permita realizar desgravaciones fiscales a la exportación (subvenciones). Entre un 5% y 20% del valor según productos (quizás unas escala variable partir de niveles actuales de exportación). No es mucho. Así de sencillo. Con este programa los anteriores crecimientos de exportaciones del 7% serían muy viables: el país crecería bien, el desempleo disminuiría y los griegos pagarían toda su deuda.

La desgravación fiscal actúa como un sucedáneo parcial de una devaluación tradicional. Siempre se ha dicho que una devaluación es el equivalente a un arancel a la importación y una subvención a la exportación. No es exactamente así desde un punto de vista formal teórico, pero es un supuesto razonable. En el caso griego que contemplamos podemos suprimir lo de los aranceles a la importación, que en el caso de una economía pequeña no es muy relevante. Pocas empresas griegas se beneficiarían de un arancel protector con derivaciones dinámicas sustanciales. La desgravación a la exportación es la parte crucial de esta devaluación digamos artificial.

En escenarios alternativos sobre una posible salida griega del euro se contemplan devaluaciones inmediatamente posteriores de la nueva moneda griega (dracma) de hasta un 50-65%. Es posible que ocurriera inicialmente eso, pero el nivel de estabilización del tipo de cambio después de una etapa inicial creemos no sería tan bajo. Grecia no requiere de tanta devaluación para mejorar su balanza de pagos; la perdida de competitividad de la economía griega usando el criterio de los costes laborales unitarios, o diferenciales de inflación con la eurozona, que sugieren pérdidas de competitividad acumulada del 50% o más, y que se supone habría que revertir (ya corregido parte), por más que se usan en la literatura económica con aire de precisión no reflejan con realidad la situación. Sobreestiman mucho la pérdida de competitividad de los países con niveles de inflación más grandes. Con los porcentajes de subvención que hemos comentado creemos es más que suficiente.

Aunque la aplicación de subsidios a la exportación en principio, y en lo que respecta a la política de precios aplicada por las empresas, puede inducir comportamientos similares a lo que se puede observar en una devaluación interna, es decir que las empresas no consideren adecuado bajar los precios de venta internacionales y dar al traste con el programa, en la práctica el funcionamiento es diferente. Bajo este formato de subvenciones las empresas entienden mejor las posibilidades de discriminar precios entre clientes y mercados diferentes, reduciendo precios en nuevos mercados, lo que es de gran ayuda para la apertura de mercados en otros países. En mi experiencia, aplicando ideas similares en un campo cercano, este es un efecto potente.

En las discusiones sobre las posibilidades de pago o del esfuerzo fiscal necesario o requerido de Grecia para el pago de la deuda la atención se centra en el superavit fiscal primario, el exceso de ingresos sobre gastos no incluidos los intereses de la deuda. Este saldo computado (y exigido como condicionalidad) por la Troika es del 4,5%, la cantidad del PIB que anualmente deben ceder a sus acreedores (una mezcla no muy bien especificada de carga de la deuda -intereses- y repago de principal. Krugman realiza aquí algunos números sobre lo que esto implica (por lo visto es mucho) Puede que para una deuda privada lo anterior sea bastante manejable, pero macroeconómicamente se considera ya una cifra alta. Las deudas internacionales más que por la capacidad de pago se rigen por la voluntad de pago, y esta suele ser casi siempre reducida. En cualquier caso, mi estimación es que en tres o cuatro años, ese superavit primario se puede reducir fácilmente al 3%, lo cual es una cifra manejable; una relajación ligera de las condiciones en estos tres próximos años parece razonable.

Lo que no aparece ya tan frecuentemente en los comentarios sobre la situación griega es una evaluación de lo que las anteriores cifras implican para la balanza internacional de pagos griega, o qué relación -si alguna- se puede detectar que implique lecciones para un buen entendimiento de la economía griega. En general, y dado que prácticamente la totalidad de la deuda gubernamental es externa, esto implica que Grecia debe generar superávits en cuenta corriente en cantidades equivalentes a los déficits primarios presupuestarios necesarios para el pago de la deuda. Es decir entre un 3 y un 5% del PIB aproximadamente, todo ello bajo el supuesto de inexistencia de endeudamiento externo adicional del sector público y privado griego. Estas cantidades serían el equivalente de renta que se trasfiere a las unidades no residentes, incluidas en ellas los acreedores. Esta transferencia es una carga real, pero como toda la literatura de las reparaciones recalca, su análisis no es tan sencillo y sus implicaciones no tan claras (lean a Pettis aquí). Puede que reorientar la economía de un país para repagar deuda sea muy beneficioso; este cambio potencia los sectores exportadores que son casi siempre los más avanzados y dinámicos. Grecia necesita mucho esto. Necesita superávits en cuenta corriente acompañados de un incremento de exportaciones como ya hemos visto; el pagar la deuda contribuye a ello. El no afrontar esta situación no conduce a ningún futuro mejor. Y cualquier ayuda al sector exportador para facilitar lo anterior aparece como adecuada.

Los lectores estarán ya impacientes contrastando las ventajas de lo expuesto y lo utópico de mi propuesta; sí, más utópica que la de Varoufakis. Las subvenciones a las exportaciones podemos considerarlas prohibidas dada la normativa actual de la Organización Mundial de Comercio y la Unión Europea. Es algo que creemos puede y debe revisarse. Cómo se ha llegado a la actual normativa es bastante entendible y la preocupación por evitar una carrera de subvenciones entre países razonable. Pero menos explicable es ver como un país con moneda propia no tiene la más mínima limitación a depreciar la moneda (o que se la deprecien), una medida mucho más potente y capaz de alterar y corregir los flujos comerciales internacionales, mientras que otros que tratan de mantener un tipo de cambio fijo, o están en una unión monetaria, solo pueden corregir la apreciación de su moneda por medio de una feroz depreciación de rentas. Y la acusación de que una política de subvención general a las exportaciones pueda considerarse una competencia desleal no es muy defendible. Grecia terminará cumpliendo con sus obligaciones de deuda o no lo hará. En el caso más favorable y deseable de que lo haga -cualquiera que sea el procedimiento- eso será posible porque ha generado las suficientes ventas exteriores que generen los superavits en cuenta corriente necesarios para el pago de la deuda; lo que significa que algún competidor resultará perjudicado. El que se consiga con una devaluación interna o con un programa de subvenciones es finalmente irrelevante para juzgar lo desleal o no de la situación. Las mayores ventas se producirán sí o sí. Si al final -y alternativamente- no es capaz el país de afrontar el pago de su deuda, la situación es peor. Puede ir dando bandazos a partir de ahora, tratando de ganar competitividad vía precios y quizás más depresión, o creer ganar algo de tiempo con renegociaciones adicionales de la deuda que no resuelven en ningún caso el fundamental problemas de las exportaciones griegas.

Soy bastante más optimista que la mayoría sobre la situación griega, con la salvedad de los errores que sus actuales gobernantes puedan cometer. Y como observadores de la realidad griega, y pronosticadores de lo que ocurrirá económicamente allí, en realidad lo tenemos ahora fácil. Miren y observen el volumen de exportaciones de bienes (y algo menos servicios) de la economía griega. Si suben año a año a un 7-8% nominal (vamos a suponer que en Grecia los precios no van a subir) la cosa les irá bien. Si no, ya lo saben. Nuestra modest proposal, con seguridad, eliminaría esta segunda posibilidad.

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