IVAs mundiales y el IVA de los alimentos en España

 

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Timothy Taylor tiene una entrada en su blog  CONVERSABLE ECONOMIST: The VAT and Consumption Taxes: International Comparisons sobre los impuestos al consumo por el mundo; IVAs fundamentalmente, salvo en EEUU, que como seguramente saben no tiene IVA; los diferentes estados cargan impuestos al consumo final de los productos y servicios. Como está bien saber como se organiza el mundo, comprobamos que los impuestos indirectos son fundamentales para la financiación gubernamental en México, y poco importantes en EEUU. Podemos denominarla la gran diferencia mundial, y eso que son vecinos. Curioso. Lean su post completo; es muy interesante. Nuestra contribución, lo importante que queremos indicar, lo hacemos al final, que si no este sería un post sencillo de componer.

The VAT and Consumption Taxes: International ComparisonsEconomists tend to believe that taxing consumption makes more sense than taxing income. When you tax people on income, and then tax them on the return earned from saving, you discourage saving and investment. After all, income that is saved, along with any return on that income, will be consumed eventually. But the US relies much less on consumption taxes than any other high-income country.Consumption taxes come in two main forms. One is a value-added tax, which in economic terms is essentially similar to a sales tax. The functional difference is that a sales tax is collected from consumers at the point of purchase, while a value-added tax is collected from producers according to the value they add along the production chain.  Then, the value-added tax thus the prices paid by consumers in the same way as a sales tax. The other forms of a consumption tax are taxes on specific kinds of consumption, and in most countries the biggest consumption taxes on specific items are those relating to energy (especially oil), alcohol, and tobacco. The OECD lays out the evidence in its December 2014 report, “The Distributional Effects of Consumption Taxes in OECD Countries.”

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Una de las características más reseñables de la economía española es que siendo la economía con mejor desenvolvimiento exportador comparativo de todos los países avanzados del mundo -la economía avanzada que mejor ha mantenido su cuota de comercio mundial en los pasados veinte años; todas han perdido debido al efecto China- casi siempre (salvo el período glorioso exportador español 1995- 2000) hemos tenido problemas en balanza de pagos. Habrán leído recientemente la preocupación sobre el aumento de las importaciones ahora que estamos saliendo de la crisis, lo que puede volver a poner en rojo nuestra balanza por cuenta corriente. No se preocupen, no va a ser preocupante. No vamos a volver a la situación de los años 2005-2009 donde eramos los champions en déficit entre los países relativamente grandes. Ni los estadounidenses nos ganaban. Era el claro indicador de nuestra burbuja inmobiliaria. Lo que no quita que no tengamos que tener cuidado con las medidas que tomemos. España no tiene un problema exportador -en realidad es nuestra gran fortaleza económica- pero si tenemos un problema importador. Por razones peculiares que iremos desgranando en otros posts la economía española tiene un sesgo importador innecesario. Por ej. ¿saben Uds. que España hasta hace bien poquito -2012/2013- ha sido el mayor consumidor de teléfonos móviles, y luego smartphones, per capita del mundo? ¿Será que nos gusta hablar mucho? En esto nos hemos venido gastando casi el doble que un alemán. Esta broma nos ha costado alrededor de 1.000 millones de euros al año en importaciones adicionales innecesarias. Es una broma porque ha dependido del peculiar funcionamiento del mercado de la telefonía móvil en España que parece se está corrigiendo. Unos 80.000 empleos -paro adicional- para la economía española según mi modelo stock-flujo. Este desastre destructor de empleos es superior a todos los empleos que trabajan en todas las empresas de telefonía. Podemos multiplicar los ejemplos, algunos menos dañinos, algunos más.

Lo anterior se puede empeorar, no crean. ¡Ya nos gustaría ver medidas que modificaran nuestra inclinación importadora! Pero no, en una especie de perpetua maldición, lo que vemos es la propagación de ideas para ver como nos las arreglamos para importar más. Por ejemplo, ya que estamos con el IVA, como crear unos cientos de miles de parados subiendo el IVA de los alimentos. Lo habrán leído en la prensa estos días promulgado por Ciudadanos, pero en realidad es una idea del gusto de muchos economistas que ven distorsiones nocivas allí donde las cosas no son uniformes. La idea consiste en que compremos menos verduras de Carabaña  y mejillones en escabeche gallegos, y que compremos más iPhones. Es lo que hará la gente al desviar su gasto de los precios que se encarecen a los que no. La alimentación en España es probablemente el sector que menos componente importado incorpora, bastante menos que la media de productos en los cuales los españoles nos podemos gastar el dinero que desviaremos de la compra de productos alimenticios. La disminución del consumo alimentario en dinero se hará básicamente reduciendo la calidad de lo que compremos, es decir, comprando productos alimenticios más baratos.

En España perdimos en 2008 la oportunidad de haber subido los IVAs del 16% al 22% (y también los reducidos, proporcionalmente) y bajado las cotizaciones empresariales a la seguridad social a la mitad.  Nos habría solucionado como un tercio de los problemas económicos que hemos tenido (sobre todo por el lado del paro), pero no se hizo. Las cotizaciones empresariales a la seguridad social es un impuesto cuyos efectos sobre el empleo casi todos los expertos están de acuerdo en criticar; combinando su descenso con un aumento del IVA para mantener la recaudación se produce un efecto que se denomina devaluación fiscal (efecto bien conocido), bastante equivalente a una devaluación tradicional (en realidad es mejor para equilibrar dinámicamente la balanza de pagos). Dada la situación crítica por la que hemos atravesado al pertenecer a una unión monetaria sin moneda propia devaluable, una temprana devaluación fiscal habría sido de buena ayuda. La oportunidad ha pasado de largo; las necesidades críticas de recaudación ha terminando produciendo subidas del IVA sin la posibilidad de disminuir las cotizaciones. Solo cabe esperar que si la situación fiscal mejora se puedan rebajar estas, manteniendo el IVA. Pero la subida unilateral del IVA alimentario sin mover comparativamente los demás no es buena idea. Es muy mala, en realidad.

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