Las cuentas y los cuentos de las balanzas fiscales catalanas

 

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En vísperas de las elecciones al Parlamento de Cataluña que se celebrarán el próximo 27 de Septiembre, Josep Borrell ha publicado recientemente un libro titulado “Las cuentas y los cuentos de la independencia”. Como menciona, una de las tesis sobre las que se ha apoyado el independentismo ha sido la idea de que la independencia es económicamente positiva – idea materializada en el eslogan “España nos roba”. Dicha idea ha venido siendo analizada a través de las “balanzas fiscales”, instrumentos contables aparentemente no politizados que recogen (como veremos, de un modo u otro) las relaciones económicas de Cataluña con el resto de España. En este post se explica qué son dichas balanzas, cómo se han venido haciendo en España y por qué la más usada por el independentismo catalán es metodológicamente incorrecta.

Ante todo, debe mencionarse que la elaboración de balanzas fiscales es una actividad muy limitada a una serie de países. No puede decirse que exista una metodología mundialmente aceptada para la realización de las mismas, como las que existen para la elaboración de las cuentas nacionales (realizada por las Naciones Unidas) o la balanza de pagos (realizada por el FMI). En los pocos países donde se han venido realizando balanzas fiscales (como Canadá, España, Bélgica, Reino Unido y Australia) los enfoques son diversos, pero los investigadores se decantan en su mayoría por el enfoque llamado “carga-beneficio”. Pero de nuevo, no existe nada que se pueda denominar “oficial” y que pueda ser el germen para la creación de un estándar internacional propiamente definido al que se puedan adherir posteriormente otros países. La razón es que la mayoría de estos estudios son, en el mejor de los casos, semioficiales, realizados por organismos públicos nacionales y regionales pero sin ninguna pretensión de sanción oficial. En el caso de España, el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) ha sido el encargado de “oficializar” la manera de cómo computar las balanzas fiscales en este documento – sobre la bochornosa historia del documento hablaremos en otro post más adelante.

¿En qué consiste pues el enfoque carga beneficio? En pocas palabras, es una balanza de transferencias. ¿Qué es una transferencia? Ingresos y gastos sin ninguna relación a pagos por bienes y servicios por operaciones de mercado. Por ejemplo, el volumen de sanidad pública no tiene ningún coste directo para el que la recibe. Los pagos que realizamos por impuestos individualmente no tienen ninguna relación con los servicios que vamos a recibir. A nivel colectivo español, dichas transferencias se agrupan en: a) transferencias de particulares de una región al gobierno central, como los impuestos y las cotizaciones a la Seguridad Social b) transferencias más o menos directas del gobierno central a particulares o gobierno regional y c) transferencias imputadas en especie, como el prorrateo de los servicios públicos centrales (defensa, justicia, etc.) En este enfoque, si uno recibe más transferencias de las que paga, el saldo es (obviamente) un balance fiscal positivo. En Cataluña, dicho saldo ha venido siendo negativo, alcanzando aproximadamente la cifra de 11.000 millones de euros anuales (período 2007-2012), lo que representa un 5,5% del PIB catalán.

Los defectos del enfoque flujo monetario

Sin embargo, dicho saldo no es el que declaran los independentistas catalanes como el correcto. Según ellos, el saldo es de 16.000 millones, o alrededor de un 8% del PIB catalán – el origen del “España nos roba”. Este nuevo saldo es el resultado derivado de otra metodología: el enfoque “flujo monetario”. Dicho enfoque consiste en asignar las transferencias imputadas en especie del método beneficio (fundamentalmente servicios de defensa y organismos centrales) no a quién se beneficia de las mismas (toda la sociedad española), sino a quién las recibe en forma de ingreso (en el caso del ejército en función de su distribución por España, organismos centrales en su mayoría en Madrid). Bajo esta metodología, Cataluña recibe menos pagos directos que las transferencias imputadas bajo el método carga-beneficio, con lo que el déficit de su balanza fiscal es mayor – en concreto, un 2,5% del PIB mayor que respecto al enfoque carga beneficio.

Es sorprendente el poco análisis que han realizado los economistas de este país a la metodología para computar el saldo fiscal por el método del flujo monetario. La justificación para la inclusión del enfoque monetario como balanza fiscal es que dicho indicador debe medir la incidencia del gasto fiscal en las diferentes regiones respecto a su impacto sobre la producción y generación de riqueza. Así, en el informe antes mencionado del IEF se dice: “el criterio del flujo monetario es más correcto para analizar la influencia que tiene la acción del sector público sobre el crecimiento económico de un territorio” o, como expresan claramente Guillem López-Casasnovas  y Joan Rosselló Villalonga, defensores del enfoque flujo monetario: “la pregunta a la que se intentan dirigir, al menos en este país, las balanzas fiscales: cuántos recursos salen de Catalunya y cuántos regresan como para impactar en el bienestar y la creación de riqueza.”

El problema es que las balanzas fiscales bajo el enfoque flujo monetario no indican “cuántos recursos salen de Cataluña y cuántos regresan como para impactar en el bienestar y la creación de riqueza”, dado que una gran parte de los ingresos que regresan a Cataluña no están computados bajo el enfoque flujo monetario. El enfoque monetario solo contempla los pagos que realiza el gobierno central, pero no incluye los pagos entre las diversas autonomías. Sin embargo, en un país como España, la mayor parte del gasto público lo realizan las CCAA y CCLL (Comunidades autónomas y locales) El sector público central es muy poco representativo del gasto total. Por ejemplo, buena parte del gasto de las CCAA y CCLL es para la provisión de servicios de sanidad y educación (medicinas, equipamiento médico y escolar, equipos, productos y servicios para los proyectos de I+D, equipamiento urbano, etc.), cuyos ingresos los recibe desproporcionadamente el sector empresarial catalán. En total, calculamos que pueden ser entre 14,000 y 16,000 millones de euros. Para que se hagan una idea, sólo en compras de la sanidad pública española se gastaron en Cataluña alrededor de 8.000 millones de euros en 2009. ¿Acaso ese gasto público no tiene ninguna incidencia sobre la actividad y empleo de Cataluña?

A diferencia de los economistas independentistas y el gobierno de Mas, que han optado por excluirlos de “su” balanza fiscal”, los empresarios catalanes sí son conscientes de la importancia de estos ingresos – ingresos que quedarían muy reducidos tras una hipotética independencia (¿cuánto suministra actualmente, por ejemplo, el sector farmacéutico catalán al sector público francés? Probablemente algo cercano a cero). De acuerdo a las cifras anteriores, el saldo correcto que debería computarse bajo el enfoque flujo monetario sería cercano a cero. Los 16,000 millones actualmente computados como déficit catalán bajo el enfoque flujo monetario quedarían compensados con los 14,000 – 16,000 millones anteriormente citados – en concepto, como recordemos, de compras del sector público autonómico y de comunidades locales a residentes catalanes. Es decir, una vez tenidas en cuenta estas partidas, el sector público español es neutro con respecto a la cantidad de ingresos que se inyectan y se detraen de Cataluña – que es, lo que según los profesores Casasnovas y Villalonga, debería medir una balanza fiscal por el flujo monetario.

En conclusión, el enfoque del flujo monetario utilizado por los independentistas catalanes carece de fundamentos teóricos válidos y además no se utiliza en ninguna otra parte del mundo – y, vistas sus deficiencias, seguramente ni se utilizará en un futuro. Como explicaremos en un post posterior, es un enfoque diseñado a la carta por el independentismo catalán. Estos son las cuentas y cuentos tan dudosamente científicos sobre los que se ha construido el “España nos roba”.

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